ARCA

Alejandro Ghersi se nos presentó por primera vez como Nuuro. Algunos de nosotros lo conocimos cuando atravesábamos los días más vergonzosos de nuestra adolescencia tardía y los tumbos de nuestros veintes incipientes, ya fuera por la casualidad de conseguirlo en Last.fm o de ser una de las pocas personas interesadas en la escena musical caraqueña – más bien inhóspita y poco fructífera.

En retrospectiva, parece que Ghersi siempre tuvo un paladar musical bien trendy. No tipo MTV, sino más bien de los nichos hipsters. Como Nuuro, Alejandro tenía especial destreza para la música para niñas. Música para chicas hip y los ‘sensibles niños indie’ tratando de quitarles la pantaletica. Estas eran canciones de un pop dulce pero medio tristón, con letras que buscaban algo que las alegrara entre las comodidades que dos corazones pueden ofrecer. Con mucho del espíritu de Cut Copy, The Postal Service, Figurine y Hot Chip, inclinándose hacia el lado más electrónico e IDM. Era un tiempo para hablar de los humanos del modo en que uno habla de computadoras, con nuestros deseos encriptados en canales digitales – ahora, recuerde a MSN y desespere – encontrando ruido, brechas, malentendidos, esperanzas, soledad y desamores. Enciendo mi computadora, veo que no hay correo. Apago mi computadora, de verdad me gustaban estas bandas? Claro que sí! (Aunque quizás sólo Figurine(1)).

 

Ya ha pasado mucho tiempo desde que Nuuro nos mostrara sus canciones gomosas, llenas de alguna leve esperanza a punto de perder el aliento, cuando posara aquí y allá en fotos con chicas como un niño lindo, vistiendo ropa y zapatos color resaltador chillón, como lo hicieran Todosantos y el resto de la multitud que conformara la escena de electrónica cool de Caracas. Eso fue por allá entre 2005 y el final de su década.

 

Hoy en día, Alejandro se ha hecho un lugar en el mundo, con una trayectoria musical que confundiría a cualquiera. Ha soltado EPs aclamados por la crítica donde conseguimos sus primeras aproximaciones al uso de la imagen estéreo y el reverb para construir la sensación de espacio. Produciendo para artistas como Kanye, FKA Twigs y Bjork lo hemos visto incursionar en territorios más rítmicamente cargados y lugares previamente desconocidos llenos de extrañas vocales etéreas, con muchísimo dramatismo. Algunas personas captaron resonancia de sus experimento y los divulgaron hasta aparecer en medios tan lejanos como aquél videojuego sobre chupetas (2). Con gran entusiasmo, Arca participa del fenómeno de rareza musical que subyace a los cortes de pelo de Grimes, las referencias de Alt-J a los cuentos de Hubert Selby Jr., los diálogos con el recuerdo que James Blake entabla con su infancia como hijo único y las feminidades desastrosas y torturadas de Miley Cyrus y la Kate Perry más tardía.

 

Y… ¿Entonces? ¿Qué pasa ahora? ¿Qué ocurrió entre la época en que decíamos “Generación Y” y el momento en que acuñamos la expresión “Millenials”? – aparte de la saturación de los mercados laborales y culturales, claro está. Si tratamos de adivinar quién es Arca viendo lo que lo rodea, nos parecerá un buen escucha e intérprete – incluso un buen termómetro social – de las conversaciones sobre masculinidades, feminidades y los fragmentos de estas identidades: el fuero interno de los niños de los noventas que aún sobreviven: conscientes de que el consumismo cultural formó sus identidades y tratando de hacer their own thing a pesar de estar predestinados a encajar como un guante en este o aquel nicho musical. Conscientes de que son parte de un mundo que desaparece lentamente.

 

 

Digno de todo homenaje, Alejandro logró sobreponerse a la levedad de la época. Tal vez no le gustaban tanto las niñas, un tema que no es fácil en ningún lugar de un mundo apenas saliendo de una heteronorma globalizada, y especialmente, proviniendo de un país machista como Venezuela.

 

En sus últimos trabajos, lidia con una paleta emocional bastante más intensa que la infatuación esperanzada de sus comienzos. Musicalmente, apela al público raver e IDM, no obstante, lo bailable está en lenta retirada, para dar lugar a la armonía y la canción. Entre los temas que discute está el reconocimiento del dolor, de cariños inexplicables, el descubrimiento de la propia sexualidad y las puertas entre los múltiples seres de un solo hombre.

 

Al hacer la transición de Xen a Arca, y reconociendo estas nuevas maneras de experimentarse a sí mismo – estas formas de ser previamente ignoradas – Ghersi virtió sus procesos personales más íntimos en álbums sobre bellezas perturbadoras. Mirando las portadas de éstos, llenos de contraste y copiosa desfiguración, podemos intuir que su búsqueda por la belleza va hacia lo profundo, hacia adentro, más allá de la mera superficie de las figuras en primer plano.