FAKA

 

Para quienes hemos participado de los discursos del género y las minorías (étnicas, sexuales, whathaveyou) en el siglo XXI, la aparición de FAKA no tiene una pizca de casualidad. Sin embargo, esta díada/colectivo artístico sorprende como una encarnación perfecta, casi estrepitosa de lo no-representado, lo que “escapa de las miradas” anglo-euro y heteronormadas, lo abyecto y subordinado.

 

Pese a que aquellos últimos dos adjetivos suelen convocar un tonito de pena ajena, consternación, o melodramática admiración de quien “lucha (cuesta arriba)”, estas reinas se llegan con un porte avasallador, divino. Si alguien entendió cómo presentarse de manera asertiva, fueron estos dos, dorados niños-niña: FelaGucci y Desire Marea. No nos ocupamos aquí de usar, temerosamente, los “pronombres”, artículos o apelativos que mejor les
encajen, porque si de respeto se trata, más que solicitarlo, estas bellezas lo imponen: sin reparar en la riqueza de sus ropas o lo vanguardistas, problemáticas o admirables que resulten sus performances y producciones artísticas; basta captar la serenidad de sus miradas y sus voluptuosísimas poses para saber que estamos ante personas completas. Al explicar el nombre de su proyecto, queda desnudo el espíritu de su carismática conquista:

 

FAKA es una palabra zulú que, en principio, significa “entrar” o “penetrar”. Es una insinuación sexual, pero también coloca mucho poder en las identidades queer y femme. También significa “ocupar”. Eso es lo que hacemos con los espacios que nos excluyen”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Photo: Andile Buka

 

Al tratarse de un dúo africano – específicamente, de Johannesburgo – es un poco difícil conocerlos a profundidad. Los pocos artículos de Internet repiten religiosamente que se trata de “cuerpos negros navegando la cis-heterotopía del África poscolonial” (de confección algo aburrida y panfletaria). Ellos, por su parte, dicen:

 

Queremos reificar y validar los nuevos vocabularios que comuniquen la liberación de las identidades negras queer. Queremos crear un diálogo que trascienda los límites de la retórica activista queer. Más bien, estamos más interesados en retar al discurso de políticas corporales interseccionales arraigadas en la opresión estructural de los cuerpos negros”.

“Reficación”: palabra de la jerga sociológica que significa “convertirse en cosa”. Dícese de lo que posee tanta realidad como la materia, como la muralla que es un semáforo en rojo con una patrulla de policía al lado. El género, por ejemplo, es una construcción social reificada, así como las costumbres y códigos de conducta de una comunidad determinada. Los chicos de FAKA quieren materializar la libertad que desean para la comunidad no-binaria y sexodiversa de Sudáfrica y el resto del mundo.

 

Una lírica más académica, que quizás no sea la más potable, pero está ahí: trascender a la retórica, hacer, mover, crear, impresionar. Ellos saben que la conquista del mundo se basa en la sensibilidad, más que en la razón política incontestable de que “todo el mundo tiene derecho a ser quien es”. Así, optan por encantarnos con sus pasos de pasarela y sus graciosos ademanes en medio de la espesura africana, haciendo la fiesta ellos solos – ¡Con eso sobra! – en medio de la intemperie; con unas líricas que no abandonan jamás su idioma original, revestidas en la sonoridad autóctona (y con pretensiones abiertamente mundiales) del Gqom.

 

 

Esta misma puesta en escena denuncia la falta de oportunidades y exclusión de los africanos en el arte moderno, cosa paradójica, dada la obsesión de este medio con las “otredades” y “lo exótico”. FAKA es, más allá de la música, un pequeño laboratorio de ideas con una agenda para la divulgación de los artistas queer africanos y la transformación social.

 

En sus trabajos más literarios nos cuentan de sus aventuras en la ciudad, con amantes avergonzados de una súbita “performance anxiety”, o de sentirse invencibles al “tener un pene futbolista en el inbox” (y un apetitoso delirio de Grindr). Con estas simpáticas y mordaces

anécdotas abren un espacio para preguntar, más en serio que en broma ¿Por qué replicamos el guión pornográfico de tops y bottoms (activos y pasivos)? ¿Por qué hay, aún, una solapada obsesión con la masculinidad clásica – que ellos llaman niveaness – y sus privilegios

en el medio gay? ¿Por qué lo que debiera ser un espacio seguro es, más bien, un gueto que sólo parece hospitalario gracias a la costumbre? ¿Por qué se coge, folla o se hace el amor por sentirse aceptado y atractivo, más que por el gusto?

 

 

 

Infectados como están del virus de la posmodernidad, sus trabajos son un deleite para aquellos en aquél lugar donde la bohemia y la academia se cruzan. Cuando menos, serán una referencia obligada para quien diga, como que no quiere la cosa, “estoy escuchando música electrónica africana”. En lo que respecta a esta editorial, los adoramos <3