New Discovery: Sevdaliza

 

 

Sevda Alizadeh tiene todas las de un personaje complejo. Una oleada del éxodo iraní le lleva a Holanda cuando contaba con apenas 5 años de edad; migración, fuga o desplazamiento que parece signar su trayecto vital. A los 16, buscando independizarse, toma una beca para jugar Basket profesionalmente, llegando a jugar en el equipo nacional holandés. Tras establecerse, cambia nuevamente de territorio, estudiando comunicación empresarial en la universidad. Al percatarse de que no estaba aún en el lugar que buscaba – un lugar donde pudiera expresarse como individuo, tal como ella quisiera – inicia su búsqueda en la música.

 

“Mais l’important n’est pas la chute, c’est l’atterrissage” – nos suelta Sevda como un gancho, en Sirens of the Caspian, una perlita que es la moneda enterrada en el pastel y la cereza en la punta de La Haine, la película de Mathieu Kassovitz. Entre sus triquiñuelas no sólo está el gancho de la ocasional referencia a la alta cultura, está también la haute couture cuando posa con sus ropitas (o una agradable ausencia de ellas) en The Valley. Crecer vagando entre distintos mundos le ha dotado de una sensibilidad cosmopolita: se expresa fluidamente en

cinco idiomas – Portugués, Francés, Holandés, Inglés y Farsi – lo que es decir, cinco maneras de pensarse como sujeto. Contener esta pluralidad dentro de sí, aunado a su itinerancia, le inclina a solidarizarse con desarraigados y disidentes: a inicios de 2017 se nos perfiló políticamente con Bebin, cantando en su idioma natal, el track representa una protesta en contra de la Orden Ejecutiva 13769. El resto de su discografía se ocupa en temas como los desamores, lo incomunicable, la feminidad, su performance y los desencantos que estos últimos suelen traer.

 

 

 

 

 

 

 

Photo: Instagram @sevdaliza_

 

 

Juntándose con Mucky, un amigo y productor de Rotterdam ha sabido vestir su voz con un acompañamiento a todo dar e indispensable, creando atmósferas desperdigadas entre soul, trip-hop y R&B industrial. Es en la sonoridad donde parece hallarse la carne del trabajo de Sevda Alizadeh, sobre todo si sentimos el progreso desde sus primeros EPs – The Suspended Kid y Children of Silk – a su álbum debut, ISON. Los primeros, más enérgicos, enfatizan la rítmica y aprovechan casi totalmente el espacio musical, valiéndose de samples, instrumentación y vocales en multitrack como aquellas del sonido de Bristol. Tres años después, notamos un esfuerzo considerable por confeccionar un estilo más personal, mucho más dramático y minimalista; cuyas letras, bullentes de cuestionamientos sobre lo femenino provocaron comparaciones (más bien antipáticas) con FKA Twigs. Así que hagamos más comparaciones: en el álbum, encontramos una paleta musical entre el soul y el post dubstep, con toda suerte de teclados en vibrato que recuerdan a los primeros trabajos de James Blake, contrapesadas por una percusión aún con aires a Portishead, pero con más compases para respirar.

 

Con un predominio de la forma sobre el contenido, sus primeras contribuciones representan una propuesta contundente y ambiciosa para el downtempo y el pop experimental. Le estaremos siguiendo los pasos.